La pregunta de investigación que sustenta la comparación de los sistemas de pastoreo
El pastoreo regenerativo suele asociarse con una vegetación más densa, una mayor vida edáfica y un aumento del carbono del suelo. Estas afirmaciones son plausibles, pero difíciles de comprobar con rigor: las explotaciones ganaderas difieren en sus suelos, clima, historial, carga animal y manejo. El estudio de David C. Johnson y su equipo intenta limitar algunas de estas diferencias mediante comparaciones entre parcelas contiguas separadas por una valla.
Se estudiaron cinco pares de explotaciones bovinas vecinas en Misisipi, Alabama, Tennessee y Kentucky. En cada par, una explotación había utilizado pastoreo adaptativo en múltiples parcelas, o AMP, durante al menos diez años, mientras que la otra empleaba un pastoreo continuo más convencional. Como las superficies comparadas eran colindantes, el tipo de suelo, la topografía, las condiciones meteorológicas y el uso anterior del terreno eran más similares dentro de cada par que entre explotaciones seleccionadas al azar.
En este contexto, AMP significa que un rebaño mayor pasta durante poco tiempo en una parcela pequeña, seguido de un periodo de descanso más prolongado y adaptado al crecimiento vegetal y a las condiciones meteorológicas. En las explotaciones estudiadas, los pastizales solían dividirse en unas 35 a 70 parcelas. Los animales permanecían en una parcela aproximadamente entre uno y cinco días; la recuperación duraba normalmente entre 45 y 80 días. La clave no es «más animales», sino coordinar el aprovechamiento y la regeneración.
Qué midieron los investigadores
El estudio relacionó tres niveles: la vegetación aérea, el carbono orgánico del suelo y determinadas características de la red trófica edáfica. Se establecieron doce puntos de muestreo en cada explotación. Para analizar el carbono se tomaron 120 testigos de los diez centímetros superiores del suelo, que se analizaron mediante combustión seca después de eliminar los carbonatos inorgánicos.
La biomasa vegetal en pie se determinó en pequeñas áreas excluidas del pastoreo. El equipo también registró microscópicamente bacterias, hongos, protozoos y nematodos, y derivó varios indicadores. La respiración del suelo se midió durante 24 horas después de retirar la vegetación. Esta describe la cantidad de dióxido de carbono liberada por la actividad microbiana y radicular; en este experimento, una vez retiradas las plantas, correspondía principalmente al componente microbiano.
Más biomasa en pie y más carbono en los diez centímetros superiores
En el conjunto de los cinco pares de explotaciones, la materia seca media en pie en las superficies AMP fue de 294,14 gramos por metro cuadrado. En las superficies de comparación con pastoreo continuo fue de 201,45 gramos. La diferencia de unos 92,7 gramos representa aproximadamente un 46 % más de biomasa en pie bajo manejo AMP.
El equipo también encontró una diferencia en el carbono orgánico de la capa superficial: los diez centímetros superiores de las superficies AMP contenían una media del 2,838 % de carbono orgánico, frente al 2,354 % de las superficies de comparación, es decir, alrededor de un 20,6 % más en términos relativos. Tres de los cinco pares de explotaciones mostraron una diferencia estadísticamente significativa; en dos no se observó una diferencia clara.
Estas cifras son relevantes, pero no deben interpretarse como una tasa anual de acumulación. Una diferencia en las reservas de carbono en un momento determinado no equivale a una tasa de secuestro medida. Para ello serían necesarias mediciones repetidas en los mismos emplazamientos durante muchos años y un balance completo del sistema.
Respiración del suelo y red trófica: una imagen matizada
La respiración del suelo medida fue, por término medio, aproximadamente un 19,5 % menor en las superficies AMP. Una tasa de respiración baja no es automáticamente «mejor», del mismo modo que una tasa alta no es necesariamente negativa. La liberación de dióxido de carbono puede indicar una descomposición rápida de la materia orgánica, pero también una vida edáfica activa y productiva. Lo importante es la relación entre el aporte, el almacenamiento y la pérdida de carbono, y una medición de 24 horas no proporciona ese balance completo.
Entre los grupos de organismos registrados microscópicamente, la biomasa bacteriana y los protozoos difirieron en la comparación conjunta. Las diferencias en la biomasa fúngica, la relación hongos-bacterias y un indicador compuesto de la red trófica no fueron estadísticamente claras en el conjunto de los pares. Sin embargo, dentro de las explotaciones AMP los investigadores encontraron relaciones estrechas entre la biomasa en pie y los hongos, la relación hongos-bacterias y los protozoos.
Esto concuerda con la idea de que periodos de recuperación más prolongados permiten sistemas radiculares mayores y más activos. Las raíces aportan exudados, raíces finas muertas y hojarasca; estos recursos alimentan a los microorganismos y pueden favorecer la agregación y el ciclo de los nutrientes. No obstante, las correlaciones no demuestran este mecanismo en el conjunto de datos estudiado.
Por qué los periodos de descanso pueden ser biológicamente decisivos
Después del pastoreo, una planta debe reconstruir su superficie foliar, sus raíces y sus reservas. Si vuelve a ser pastada antes de completar la recuperación, disminuye su capacidad de dirigir carbono al suelo. Por ello, un sistema adaptativo programa el siguiente pastoreo en función del crecimiento, la humedad, la estación y el estado de la cubierta vegetal, en lugar de seguir un calendario fijo.
Los episodios breves de pastoreo pueden pisotear los residuos vegetales, distribuir espacialmente las heces y la orina y modificar la competencia dentro de la vegetación. Los periodos largos de descanso pueden permitir después la fotosíntesis, el enraizamiento y la floración. Que esto genere realmente más carbono estable en el suelo también depende del tipo de suelo, la mineralogía, la precipitación, la temperatura y el tiempo durante el cual la materia orgánica nueva permanece protegida frente a la descomposición.
Qué no puede responder el estudio
Cinco pares de explotaciones aportan valor a la investigación de campo en condiciones reales, pero siguen constituyendo una muestra pequeña. Las explotaciones no se asignaron aleatoriamente a los distintos manejos, y los responsables de las explotaciones AMP pueden diferir de sus vecinos en experiencia, objetivos, manejo del ganado o decisiones anteriores. La comparación reduce las diferencias entre emplazamientos, pero no elimina estas influencias.
El carbono solo se midió hasta una profundidad de diez centímetros; se desconocen los cambios en capas más profundas. La densidad aparente, la heterogeneidad espacial y la elección de una masa de referencia adecuada también son importantes para comparar las reservas. El estudio no registró el metano del ganado, el balance completo de gases de efecto invernadero, los piensos importados ni un posible desplazamiento de las emisiones.
Por tanto, este trabajo no respalda la afirmación de que «el AMP secuestra de forma demostrable una cantidad específica de carbono al año». Lo que sí respalda es que, en los cinco emplazamientos gestionados de forma adaptativa a largo plazo, los investigadores encontraron por término medio más biomasa en pie y una mayor concentración de carbono orgánico en la capa superficial que en las superficies vecinas sometidas a pastoreo continuo.
Por qué es relevante para RED
Para RED, el mayor valor del estudio reside menos en un porcentaje concreto que en su perspectiva sistémica. La producción vegetal, la actividad radicular, los organismos edáficos y la programación del manejo se consideran conjuntamente. Esto refleja el Método RED: en lugar de optimizar una medida de forma aislada, crea condiciones en las que las plantas y la vida edáfica pueden intercambiar recursos de manera continua.
Por ello, para un proyecto de pastoreo de RED serían esenciales las mediciones de partida: cobertura vegetal y composición de especies, biomasa aérea y subterránea, infiltración, densidad aparente, reservas de carbono a varias profundidades y desarrollo durante varios años. También serían importantes las parcelas de comparación sin pastoreo o con otro manejo. Solo una documentación de este tipo convierte un enfoque de manejo plausible en un proceso de aprendizaje verificable.
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